Mens sana, dente sano
16 / 10 / 2020
«Mens sana, dente sano». Me encanta esta adaptación de la célebre cita «mens sana in corpore sano«, y por lo tanto, esta verdad absoluta, la llevo a mi territorio. Lo que dice esta frase es que debemos conseguir primero una mente sana y, así, como consecuencia, tendremos un cuerpo sano.
Cuando alguien tiene un síntoma, por ejemplo reflujo gástrico, ya se advierte que hay un problema físico, y enseguida buscamos la solución del problema alrededor de ese síntoma. Siguiendo con el ejemplo: «tendré una hernia de hiato, me medicaré tomando alguna pastilla para tratar el síntoma».
Pero… ¿Y si lo enfocamos desde la mente sana?
Primero, debo parar a preguntarme: ¿Qué hábitos de alimentación tengo? Es decir, ¿como rápido, casi sin masticar o despacio? ¿Como sentado o tomándome mi tiempo y disfrutando de cada bocado?
¿Qué como? En mi dieta, ¿hay alimentos procesados con grasas, cafeínas, azúcares industriales o mas tendencia a lo natural?
¿Tengo algún hábito insano? Fumo, consumo alcohol, etc.
¿Tengo mucha carga mental? Gran cantidad de responsabilidades que nos vamos sumando a lo largo del día en el trabajo, la casa , los niños… Responsabilidades que no dan espacio a la paz mental, provocando así, mucho estrés.
Todas estas preguntas hay que responderlas con sinceridad y una vez respondidas nos van a dar una idea del posible motivo del síntoma.
A continuación, debemos preguntarnos qué es lo que nos hace tomar esas decisiones. Todas y cada una de las respuestas que has obtenido a las preguntas que he mencionado antes, son decisiones propias de cada uno, es decir, no debemos pensar que no tenemos otra alternativa. Por ejemplo el comer deprisa con productos precocinados o fumar, son todo decisiones.
Todas estas decisiones que vamos tomando como en piloto automático tienen sus consecuencias. Por ejemplo, comer casi sin masticar, hará que el estómago tenga que trabajar mucho más. Porque, a parte de que el alimento llega más grande al estómago, el alimento no se ha envuelto bien con la saliva y sus primeras encimas digestivas.
Por otro lado, los alimentos procesados tienen componentes mucho más complejos a la hora de digerirlos, esto hace que el tiempo que pasa en el estómago sea mucho mayor y aumente la cantidad de ácidos.
El estrés y la ansiedad alteran ciertos neurotrasmisores, como son la acetilcolina o la histamina. Éstas podrían producir un aumento de la secreción de ácido gástrico aún sin haber alimento, así como la reducción de la barrera moco defensiva de la mucosa gástrica.
La boca y sus dientes son una parte muy importante de nuestro cuerpo, ya que realizan muchísimas funciones como ya iremos viendo. Los dientes también se van a ver afectados directamente por dichas decisiones. Siguiendo con nuestro ejemplo, el reflujo por su alta concentración de ácidos va a provocar en nuestros dientes un efecto desmineralizante, haciéndolos más débiles y propensos a caries, con un esmalte más poroso y por tanto más fácil de desgastar. Cuando van perdiendo esmalte, el diente se va viendo más pequeño y más amarillo porque cada vez se va acercando a la dentina, que es de un color más opaco.
Podemos concluir que, cuidar tu salud mental: eliminando la ansiedad, el estrés, los miedos, tus posibles bloqueos… Te ayudarán a tener una vida relajada y a tomar decisiones más conscientes y beneficiosas para ti.
Así que no lo olvides: si sanas tu mente, sanarás tus dientes.