Somos lo que comemos
28 / 11 / 2020
Somos lo que comemos. Es una verdad absoluta. Lo que comemos, es desintegrado por nuestro sistema digestivo y es transportado a cada una de nuestras células, así de simple.
Si te imaginaras a una de tus células, ¿que preferirías ver en ella?
Grasa, tóxicos, añadidos químicos… O por el contrario te gustaría verla llena de minerales, agua pura y proteínas..
La respuesta está clara. Pues en ese caso, solo hay que tomar LA DECISIÓN, de que a nuestras células solo lleguen alimentos naturales que son los que realmente nos ayudan a llenarnos de energía y vitalidad. Porque nosotros, aunque lo hayamos olvidado, formamos parte de la naturaleza.
Por lo tanto, nuestra alimentación debería estar basada en un 75% de frutas y verduras, a ser posible crudas, puesto que es la manera de asegurarnos de que conserven todas sus propiedades (si se cocinan que sea poco tiempo y a baja temperatura) y un 15% de legumbres y cereales que nos aportan las grasas vegetales. Las carnes pasarían a un plano más de placer que de necesidad, pues muchos vegetarianos y veganos han demostrado a lo largo de los años que pueden vivir sin ellos.
Al hilo de esta alimentación es importante añadir que las frutas y verduras que se consuman deberían ser ecológicas, para que no nos llegue (o nos llegue el mínimo posible) sulfatos y tóxicos a través de dichas frutas y verduras, típico de la industrialización y producción actuales.
Ya solo con esta información os estoy dando la clave para que vuestro cuerpo y dientes estén sanos. Y os lo puedo explicar con un ejemplo muy claro:
Los primeros homínidos y todos sus ancestros neardentales NINGUNO TENÍA CARIES, o al menos eso demuestran los descubrimientos arqueológicos hallados hasta la fecha. Y el motivo es tan sencillo como que solo se alimentaban de lo que tenían a su alcance en la naturaleza y que no lo cocinaban, pues no conocían el fuego todavía.
La caries empieza con un homo sapiens ya más desarrollado, hará unos 4.000 años antes de Cristo, en el Neolítico. Aunque la caries empezó a convertir en un problema real a partir de la edad antigua y el surgir de las nuevas civilizaciones sedentarias, donde se empezaban a procesar los alimentos, incluidos los azúcares.
Con este pequeño paseo por la evolución del hombre podemos volver al presente comprendiendo que el azúcar es un invento nuestro y que no lo necesitamos, pero que nos da mucho placer. Hay que ser consciente de ello y limitar esos momentos de placer a ocasiones puntuales y no consumir a diario todos esos alimentos que no aportan vida y sí nos pueden enfermar.
Todo lo que debemos evitar a toda costa:
- Refrescos y bebidas edulcoradas
- Alimentos precocinados
- Azúcares y bollería industrial
- Alcoholes
- Edulcorantes químicos
Eliminar todo este grupo de alimentos, no solo puede ralentizar el proceso de caries, de manera que, si ya tienes una caries establecida su evolución seria muchísimo mas lenta, si no que también, el ligamento periodontal, el hueso y las encías también se fortalecen.
Aunque siga siendo imprescindible las limpiezas en la clínica dental y reparación de caries, está desmostado que la respuesta de los tejidos es muchísimo mejor. E incluso pareciera que alimentarse con alimentos crudos te deje una sensación de auto limpieza en la boca. Es decir, la sensación de comerse una manzana es completamente diferente a cuando te comes un pastel de dulce de leche. Y no solo es una sensación, las consecuencias son muy distintas, como podéis imaginar.
Seguiremos hablando de este tema de alimentación que me apasiona, y ya yo he llevado a la práctica, observando en mi propio cuerpo los beneficios de llevar una alimentación natural y de esta manera compartir con vosotros «el poder de la lechuga».